"No pinto el ser, pinto el pasar", dice Montaigne (Ensayos, III, 2), tal vez recordando a Heráclito. Todo está de paso por este lugar: lo mostrado, quien lo muestra, quien lo ve. Al fondo, la montaña Huangshan, en el corazón de China, por donde anduve deambulando hace unos años. Y conste que, si el título de este cuaderno está en francés, es solo porque en español ya estaba ocupado. En realidad, esa imagen, la montaña vacía, es un lugar común del taoísmo. ¿Y no son estos cuadernos, al fin y al cabo, un lugar común por donde todos transitamos? Lugares comunes, lugares ocupados, lugares vacíos.
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miércoles, 24 de noviembre de 2010

Beatles en verso (1): "For no one"


De entre las numerosas joyas que habitan el álbum Revolver (1966), "For no one", de McCartney, me ha perseguido siempre con su melancólica belleza. El tema es más bien trivial: se ha producido la ruptura, ella se evade y pasa página; él se atormenta, se resiste a aceptar, recrimina vacíos. Paul había cantado ya los problemas de su relación con la actriz Jane Asher, su novia oficial de 1963 a 1968, y ahora anticipa un fracaso definitivo que en la vida real tardaría aún en llegar. En los lugares habituales de la red puede hallarse la información esencial sobre composición, grabación y crítica. Tan solo añadiré que, de entre las canciones de McCartney, esta era una de las pocas favoritas de Lennon.

El inicio es abrupto, como el despertar que la letra describe, alargado en una sola nota (cosa frecuente en las composiciones de John, no en las de Paul) y con una rima de chasquido entre breaks y aches que sitúa ya toda la meditación dentro de una especie de jaqueca amorosa. A partir de ahí, el acierto de la letra, pese a varias concesiones a la facilidad, reside en el paralelismo de la composición (lo que hace ella, lo que hace él; por la mañana, por la noche), que va esbozando una especie de escena doble, simultánea, contrastante, en la que ciertas reiteraciones expresan lo obsesivo de la situación: una situación mental. La secuencia, insistente como el pensamiento mismo, descansa sobre una línea melódica exquisita, clásica, de esas que sólo Paul era capaz de concebir; avanza sobre un entreverado a un tiempo severo y barroco de piano y clavecín, ambos tocados por el propio Paul; y la voz del cantante es la de aquellos años, pura luz y materia dúctil. La atmósfera se apuntala desde el centro exacto de la pieza gracias a un bellísimo (aquí sí vale el superlativo) solo de trompa, ideado por Paul, puesto en partitura por George Martin y ejecutado con sabia delicadeza por el instrumentista Alan Civil; esa línea de trompa, como el recuerdo, volverá al final para situarse en segundo plano de la última estrofa, en un ostinato que declara ya aceptación, tristeza, fin.

La letra fue traducida primero libremente en forma de soneto (de ahí los comentarios); y ahora, más libremente todavía, en cinco estrofas de tres versos, con una misma rima asonante en los versos primero y tercero de todas ellas.


FOR NO ONE

Your day breaks, your mind aches,
you find that all her words of kindness linger on
when she no longer needs you.

She wakes up, she makes up,
she takes her time and doesn't feel she has to hurry:
she no longer needs you.

            And in her eyes you see nothing,
            no sign of love behind the tears.
            Cried for no one.
            A love that should have lasted years.

You want her, you need her,
and yet you don't believe her when she says
her love is dead: you think she needs you.

[French horn solo]

            And in her eyes you see nothing (…)

You stay home, she goes out,
she says that long ago she knew someone,
but now he's gone: she doesn't need him.

Your day breaks, your mind aches,
there will be times when all the things she said
will fill your head: you won't forget her.

            And in her eyes you see nothing (…)




De mañana y tú venga a darle vueltas,
resuenan sus palabras en la casa
sin ventilar de la memoria llena.

Se levanta, ya no hay prisa, se arregla.
Eso son cosas del pasado, dice,
como si desde siempre lo supiera.

Se hace tarde y tú venga a darle vueltas,
entras en la oficina bostezando,
te duele el corazón en la cabeza.

Sus palabras serán tal vez eternas,
seguirán resonando con un eco
lejano de susurro y de jaqueca.

Pero en sus ojos no quedará huella
de tanto amor: son lágrimas por nadie.
Y se hablaba de boda en primavera.