"No pinto el ser, pinto el pasar", dice Montaigne (Ensayos, III, 2), tal vez recordando a Heráclito. Todo está de paso por este lugar: lo mostrado, quien lo muestra, quien lo ve. Al fondo, la montaña Huangshan, en el corazón de China, por donde anduve deambulando hace unos años. Y conste que, si el título de este cuaderno está en francés, es solo porque en español ya estaba ocupado. En realidad, esa imagen, la montaña vacía, es un lugar común del taoísmo. ¿Y no son estos cuadernos, al fin y al cabo, un lugar común por donde todos transitamos? Lugares comunes, lugares ocupados, lugares vacíos.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Paul Valéry: un poema y dos formas de mirar


Ando muy despistado. Ni idea tenía de que, hace ahora un año, se había publicado en Francia una auténtica revelación: Corona & Coronilla de Paul Valéry. Ni idea, hasta que me lo dijo Pablo Jauralde por teléfono hace un par de meses. De modo que encargué el libro y lo leí con curiosidad, asombro y una mezcla de júbilo y desasosiego (en el fondo, ahora que lo pienso, es la mezcla que atraviesa el libro): júbilo, porque la exacerbada sensualidad y el expreso erotismo que recorren esos poemas de algún modo me completaban la figura humana y literaria de un escritor siempre motejado de frío y cerebral (imagen a la que él mismo contribuía, todo hay que decirlo); desasosiego, porque esa figura misma, la de un hombre de edad rendido a una loca pasión y en último término destruido por ella, resulta estremecedora.


En la facultad (al menos en hispánicas) yo era, supongo, de los pocos que habían leído a Valéry en francés, o leído sin más; incluso había traducido, muy mal, algunos de sus poemas, los de un primer libro muy amanerado, Album de vers anciens (1920). Llegué a Valéry a través de quien podríamos considerar su mentor español, Jorge Guillén, cuya poesía me tenía deslumbrado, creo ahora que con razón; y era así contra el sentir general de los tiempos, pues don Jorge estaba mal visto por aquellos años, y lo políticamente correcto era interesarse por Cernuda: a mí me interesaban ambos. Desde entonces he leído con regularidad la poesía y la prosa de Valéry, cuyos Carnets son un auténtico banquetazo intelectual; claro que, como tal, puede empachar.




Los poemas de Corona & Coronilla fueron inspirados por el romance que Valéry tuvo con la escritora Jeanne Loviton (seudónimo Jean Voilier: “Juan Velero”) entre los años 1938 y 1945. Al principio de la relación él tenía 67 años, el doble que ella. Tras vicisitudes que no hacen al caso, aquel desafuero amoroso acabó por llevárselo a la tumba. La tumba está en el cementerio de Sète, en un promontorio que sobrevuela el mar, plasmación física de su metafísico Cementerio marino, y yo la visité hará unos diez años en un viaje de invierno por el Mediterráneo francés, bajo un cielo negro y tormentoso. Vuelvo al libro: estructurado de forma errática, desigual en aspiración y calidad, podado melindrosamente por los herederos de lo más escabroso, diverso en tonos y formas, sigue siendo Valéry: “música de las ideas, música del verbo”, como Rubén Darío dijo de su propia poesía. Bajo esa ubicua batuta, pulula de todo, hasta algo hoy tan trivial pero tan peliagudo entonces como descripciones de un coito (“Sérénade”, “Ode vivante”), todo ello con no pocos formalismos y más efusiones, pero sin estridencias ni tapujos.


Cementerio de Sète
Hacia marzo de este año, se había publicado versión española del volumen completo, pero de ella sólo he leído algunas muestras que andan dispersas por la red. El caso es que Pablo publicó en su proteico cuaderno una versión del poema final del libro y que ésta me gustó por su resuelta fluidez. Él me ha dado permiso para reproducirla aquí, precedida del original y seguida de una versión mía que surgió cuando, al leer el primer verso francés, se me presentó la posibilidad de homenajear conjuntamente a dos de mis venerandos: Claudio Rodríguez (“Largo se le hace el día a quien no ama”) y Pedro Salinas (“¡Qué alegría más alta: / vivir en los pronombres!”). Nacido así el alejandrino inicial ("Largo se me hace el día sin ti, sin los pronombres"), me animé a desplegar los demás versos, entablando conversación con los dos Pablos, el pretérito y el presente.

Quien manda en todo ese trasiego es la poesía; y si las versiones aciertan en algo, será porque pasa por ellas una corriente que ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. Cuatro ojos ven más que dos, o dos formas de mirar mejor que una.



LONGUEUR D'UN JOUR

Longueur d’un jour sans vous, sans toi, sans Tu, sans Nous,
                        Sans que ma main sur tes genoux
                        Allant, venant, te parle à sa manière,
                        Sans que l’autre, dans la crinière
Dont j’adore presser la puissance des crins,
Gratte amoureusement la tête que je crains…
Longueur d’un jour sans que nos fronts que tout rapproche
Même l’idée amère et l’ombre du reproche
Sans que nos fronts aient fait échange de leurs yeux,
Les miens buvant les tiens, tes beaux mystérieux,
Et les tiens dans les miens voyant lumière et larmes…
Ô trop long jour… J’ai mal. Mon esprit n’a plus d’armes
Et si tu n’es pas là, tout près de moi, la mort
Me devient familière et sourdement me mord.
Je suis entr’elle et toi ; je le sens à tout heure.
Il dépend de ton cœur que je vive où je meure
Tu le sais à présent, si tu doutas jamais
Que je puisse mourir par celle que j’aimais,
Car tu fis de mon âme une feuille qui tremble
Comme celle du saule, hélas, qu’hier ensemble
Nous regardions flotter devant nos yeux d’amour,
Dans la tendresse d’or de la chute du jour…


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Lentitud de una tarde solitaria
sin ti, sin tu presencia, sin nosotros,
sin que mi mano sobre tus rodillas,
yendo y viniendo, te hable a su manera,
sin que mis dedos se extravíen dulce
mente en la mata de tu vello fuerte;
lentitud de una tarde sin que hayamos
reflejado la luz de nuestros ojos;
se sumergen los míos en los tuyos
misteriosos; los tuyos en mis lágrimas,
iluminados.
                    Lento día lento.
No sé. Apenas me queda ya dolor
si no te siento cerca, aquí. Me acecha
la muerte y me resulta familiar;
entre nosotros anda, la presiento
a cada instante, que de ti depende
que yo viva o que muera, ya lo sabes,
si alguna vez dudaste que se pueda
morir por lo que amaba. Convertiste
mi alma en temblorosa hojilla, como
las de aquel sauce que movía el viento
y contemplaba nuestro amor, dorado
por la belleza del atardecer…

P.J.

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Largo se me hace el día sin ti, sin los pronombres,
sin que, yendo y viniendo, mi mano en tus rodillas
te diga sus palabras, mientras en tu pujante
melena favorita se entrega la otra mano
a mesar con ternura la temible cabeza.

Largo se me hace el día si tu frente y mi frente,
en tantas cosas cómplices, hasta en el pensamiento
sombrío del reproche, no se hablan con los ojos,
yo bebiendo en los tuyos misteriosa belleza,
y viendo tú en los míos una luz hecha lágrimas.

Largo, tan largo el día. Dolor. La mente rinde
sus armas. Si no estás a mi lado, la muerte
se me cuelga del brazo, sordamente me ocupa.
O con ella o contigo: lo siento a cada instante.
De tu pecho depende que yo viva o perezca,
ya lo sabes ahora, si alguna vez dudaste
que pudiera mi amada darme muerte; pues tú
hiciste de mi alma una trémula hoja,
como la de ese sauce que juntos contemplábamos
ayer con la mirada del amor, suspendido
en el dulce dorarse del crepúsculo.

J.Y.








miércoles, 24 de noviembre de 2010

Beatles en verso (1): "For no one"


De entre las numerosas joyas que habitan el álbum Revolver (1966), "For no one", de McCartney, me ha perseguido siempre con su melancólica belleza. El tema es más bien trivial: se ha producido la ruptura, ella se evade y pasa página; él se atormenta, se resiste a aceptar, recrimina vacíos. Paul había cantado ya los problemas de su relación con la actriz Jane Asher, su novia oficial de 1963 a 1968, y ahora anticipa un fracaso definitivo que en la vida real tardaría aún en llegar. En los lugares habituales de la red puede hallarse la información esencial sobre composición, grabación y crítica. Tan solo añadiré que, de entre las canciones de McCartney, esta era una de las pocas favoritas de Lennon.

El inicio es abrupto, como el despertar que la letra describe, alargado en una sola nota (cosa frecuente en las composiciones de John, no en las de Paul) y con una rima de chasquido entre breaks y aches que sitúa ya toda la meditación dentro de una especie de jaqueca amorosa. A partir de ahí, el acierto de la letra, pese a varias concesiones a la facilidad, reside en el paralelismo de la composición (lo que hace ella, lo que hace él; por la mañana, por la noche), que va esbozando una especie de escena doble, simultánea, contrastante, en la que ciertas reiteraciones expresan lo obsesivo de la situación: una situación mental. La secuencia, insistente como el pensamiento mismo, descansa sobre una línea melódica exquisita, clásica, de esas que sólo Paul era capaz de concebir; avanza sobre un entreverado a un tiempo severo y barroco de piano y clavecín, ambos tocados por el propio Paul; y la voz del cantante es la de aquellos años, pura luz y materia dúctil. La atmósfera se apuntala desde el centro exacto de la pieza gracias a un bellísimo (aquí sí vale el superlativo) solo de trompa, ideado por Paul, puesto en partitura por George Martin y ejecutado con sabia delicadeza por el instrumentista Alan Civil; esa línea de trompa, como el recuerdo, volverá al final para situarse en segundo plano de la última estrofa, en un ostinato que declara ya aceptación, tristeza, fin.

La letra fue traducida primero libremente en forma de soneto (de ahí los comentarios); y ahora, más libremente todavía, en cinco estrofas de tres versos, con una misma rima asonante en los versos primero y tercero de todas ellas.


FOR NO ONE

Your day breaks, your mind aches,
you find that all her words of kindness linger on
when she no longer needs you.

She wakes up, she makes up,
she takes her time and doesn't feel she has to hurry:
she no longer needs you.

            And in her eyes you see nothing,
            no sign of love behind the tears.
            Cried for no one.
            A love that should have lasted years.

You want her, you need her,
and yet you don't believe her when she says
her love is dead: you think she needs you.

[French horn solo]

            And in her eyes you see nothing (…)

You stay home, she goes out,
she says that long ago she knew someone,
but now he's gone: she doesn't need him.

Your day breaks, your mind aches,
there will be times when all the things she said
will fill your head: you won't forget her.

            And in her eyes you see nothing (…)




De mañana y tú venga a darle vueltas,
resuenan sus palabras en la casa
sin ventilar de la memoria llena.

Se levanta, ya no hay prisa, se arregla.
Eso son cosas del pasado, dice,
como si desde siempre lo supiera.

Se hace tarde y tú venga a darle vueltas,
entras en la oficina bostezando,
te duele el corazón en la cabeza.

Sus palabras serán tal vez eternas,
seguirán resonando con un eco
lejano de susurro y de jaqueca.

Pero en sus ojos no quedará huella
de tanto amor: son lágrimas por nadie.
Y se hablaba de boda en primavera.


jueves, 18 de noviembre de 2010

Endecasílabos para un aficionado a Cavafis



Se ruega embarquen por la puerta 15.
Vaya cumplimentando el formulario.
Por favor, desconecten ya los móviles.
Al fondo hay sitio, vamos que nos vamos.

Una gran fiesta de la democracia.
Gobierno, patronal y sindicatos.
Secretario de Estado de Cultura.
Casi cinco millones de parados.

Los rojos a mojarse el culo en Rusia.
Franco asesino. Suárez traidor. GRAPO.
FE de las JONS. Aquí meó Angelines.
Euskadi askatu. Caramelos Paco.

Desabonarse de mensajería.
Presione aquí para consultar saldo.
La identificación es incorrecta.
Aprovecha la oferta del verano.

Un ascenso de lo más merecido.
Tiene el colesterol un poco alto.
Mi más sentido pésame, señora.
Menudo hijo de puta era Alejandro.

Intervalos nubosos por el norte.
Conexión en directo desde Washington.
Interrumpimos la programación.
Parece que por fin llegan los bárbaros.