"No pinto el ser, pinto el pasar", dice Montaigne (Ensayos, III, 2), tal vez recordando a Heráclito. Todo está de paso por este lugar: lo mostrado, quien lo muestra, quien lo ve. Al fondo, la montaña Huangshan, en el corazón de China, por donde anduve deambulando hace unos años. Y conste que, si el título de este cuaderno está en francés, es solo porque en español ya estaba ocupado. En realidad, esa imagen, la montaña vacía, es un lugar común del taoísmo. ¿Y no son estos cuadernos, al fin y al cabo, un lugar común por donde todos transitamos? Lugares comunes, lugares ocupados, lugares vacíos.

viernes, 21 de enero de 2011

Wai-lim Yip y Jonas Yip: viñetas parisinas


Tengo la suerte de alimentar una fructífera amistad con el crítico y poeta cantonés Wai-lim Yip (1937) desde 1995, cuando me puse en contacto con él para recabar impresiones, recuerdos y textos referentes a su relación con Jorge Guillén, asunto que entonces yo andaba escudriñando y que dio lugar con el tiempo a la publicación de un conjunto de escritos, tanto de Yip como del poeta español, reunidos en el número 32 del Boletín de la Fundación Federico García Lorca.



La obra y el magisterio de Wai-lim Yip arrancan de una íntima conexión entre la traducción y la creación poética, ambas volcadas en un mismo desafío de traslación cultural: la adaptación en lengua inglesa de los modos de percepción y expresión propios de la tradición china clásica, en particular de signo taoísta. A ese intento obedece el núcleo de su labor de teórico comparatista y poeta bilingüe; de ese planteamiento surge su análisis pionero de las versiones de poesía clásica china realizadas por Ezra Pound a partir de los apuntes de Ernest Fenollosa; y esa misma fuente origina sus traducciones del poeta clásico Wang Wei. Se consolidan todos esos elementos en un libro que es hoy ya básico para los interesados en la materia: Chinese Poetry: Major modes and Genres (1976). Yip, además, ha publicado versiones chinas de diversos poetas occidentales y contribuido a difundir la poesía china contemporánea. El lector reconocerá en su voz poética a los maestros del modernismo angloamericano: Pound, Stevens, Williams, Cummings.

En una escritura que a menudo discurre en vislumbres de fugacidad y transitoriedad, la poesía de viajes ocupa un lugar central. Ya tuve ocasión de presentar una primera serie de escenas andaluzas, en versión trilingüe, dentro del citado conjunto de textos sobre España. Más recientemente, publiqué en el número 44 del mismo Boletín FFGL una selección de los poemas que Yip escribió durante un viaje por Provenza.


La última serie de poesía de viajes publicada por Wai-lim Yip se inspira en París y reúne en un solo volumen textos escritos en 1970, 1999 y 2005. Esos poemas, junto con las fotografías tomadas y procesadas por su hijo Jonas, se expondrán desde finales de febrero hasta junio en el San Diego Museum of Art. Puede verse la colección completa en la página web de Jonas Yip. El autor me pidió que tradujera una sección del volumen, la serie de trece Diálogos, para incorporar las versiones a la exposición. Ahora, como primicia de ese trabajo, he querido poner aquí una pequeña muestra de cuatro piezas.

Estas escenas conectan con la poesía clásica china por su atención al fenómeno y a su proyección expansiva en el tiempo presente. Parten de un ritmo esencialmente conceptual, organizado en breves segmentos que se suceden o concatenan dentro de una estructura oracional por lo común única. La versión trata de captar y reproducir el ritmo de esa imagen secuencial, a un tiempo múltiple (por sus resonancias) y unitaria (por su enunciación). Cabe añadir que esta estructura primordial no impide la inserción de formas métricas semiocultas, como aquí el endecasílabo a shaft of sunlight / cuts the room / in halves, pero que este plano métrico es subsidiario. El referente moderno de este proceder es, principalmente, la poesía de Williams Carlos Williams y E.E. Cummings.


una ciudad
navega en los sueños

un chamán
con un palo
intenta mantener
erguidas las velas
para evitar
el naufragio
en la lejanía



ultraterrena luz
se enciende

sillas abandonadas
se agitan
para representar
cada una
en silencio
el olvidado yo
de su ocupante



un rayo de sol
corta la estancia
por la mitad
dando cuerpo a
la oscuridad
y dispone una escena
para que una botella
y dos cuencos
adopten
sus gráciles
posturas



martilleo de lluvias
alejándose

espectros multitudes desaparecen

el silencio

aura sin mácula
que abraza
a un testigo anónimo

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